Nuestros Objetivos
La Asociacion Iurodstvo Amicus Curiae ha nacido con unos objetivos claros:
- Estudiar qué es la corrupción.
- Investigar cuáles son las causas de la corrupción.
- Elaborar informes y estudios de los que se deriven propuestas de soluciones y recomendaciones orientadas a prevenir la corrupción.
- Generar indicadores de la prevalencia de la corrupción.
- Denunciar la existencia de prácticas corruptas, allí donde aparezcan, y denunciar a todos aquéllos que se resisten o se oponen a implementar medidas para prevenirla o combatirla.
- Combatir la corrupción con todos los medios que podamos movilizar.
Qué es Corrupción: ampliar el alcance
En los últimos 30 años ha habido una preocupación creciente con la corrupción. Todo el mundo -quizás con la excepción de los implicados en prácticas corruptas- parece estar de acuerdo en que la corrupción es un “problema”. Los indicadores de percepción de la corrupción reflejan una “creciente saliencia” de la corrupción tanto entre las élites como entre el común. La cantidad de estudios y publicaciones sobre la corrupción ha crecido notoriamente. Se han puesto en marcha Convenios para combatirla. Se han recomendado estrategias para prevenirla. Se han creado delitos para castigarla. Se han creado órganos especializados para combatirla. Pero los resultados parecen más bien escasos: la percepción global de la corrupción no parece mejorar[i]. La pregunta que cabe hacerse: ¿cómo es posible? La respuesta obvia es: dado que la corrupción está inscrita en la naturaleza humana, es irreformable. Una conclusión apresurada.
Ciertamente hay alguna evidencia de que ciertas personas presentan una mayor propensión que otras a incurrir en conductas corruptas. Este hecho “de sentido común”, ha sido probado experimentalmente con un juego económico denominado “Brivery Game”. Este juego es una variación aplicada sobre el juego llamado “Public Goods Game”. El “Public Goods Game” es un tipo muy conocido de juego económico, usado desde hace tiempo, para probar la disposición a cooperar contribuyendo a “bienes comunes”. Simula las conductas de cooperación necesarias para contribuir a mantener los bienes comunes -caminos públicos, acequias, carreteras. etc…- y permite investigar la propensión de los agentes económicos a usar los bienes comunes, sin contribuir a su creación y sostenimiento. Con este juego se ha demostrado que si se permite a los cooperadores (a su propio coste) castigar a los no cooperadores, la contribución de estos aumenta y el sostenimiento en el tiempo de los bienes comunes es posible. El “Brivery Game” (Muthukrishna, Francois, Pourahmadi, & Henrich, 2017), añade al “Public Goods Game” una institución centralizada de castigo: en lugar de que sean los que están llamados a contribuir en el juego quienes se encarguen del castigo de los no cooperadores, se crea una “institución centralizada” que se encarga de ese castigo (un Juez) y, lo que es más interesante, se permite la posibilidad de “mordidas”: los participantes en el juego pueden optar por entregar una parte de la contribución al que se encarga de castigar en lugar de entregarlas al bote común. Los participantes en el juego pueden entrar en una conducta corrupta según la cual, en lugar de contribuir al bien común, pagan una cantidad (menor) al Juez y este, además de quedarse con una parte de la contribución en concepto de “soborno”, puede permitir a los “sobornadores” seguir disfrutando de los bienes comunes sin haber contribuido a ellos.
El “Brivery Game”, demuestra: (i) la continuidad entre la cooperación y la corrupción; esta es una extensión “perversa” de aquélla[ii]; (ii) la resistencia de una parte de los agentes de “natural honrado” a entrar en conductas corruptas; (iii) cuáles son los “tipping points” requeridos, es decir, cual es el número mínimo de participantes en el juego que incurren en conductas corruptas, a partir del cual las “personas honradas” acaban por ser arrastradas a conductas corruptas, ante el riesgo no solo de no poder disfrutar del bien común, sino de contribuir exclusivamente en beneficio de otros (los participantes que no quieren contribuir al bien común y el Juez que se apropia de una parte de las contribuciones, es decir, los corruptos de primera hora).
Del “Brivery Game” se deducen dos guías de actuación en la prevención de la corrupción, culposamente ignoradas por quienes ha monopolizado el discurso y la acción legislativa ante la corrupción: (i) la transparencia en una institución corrupta solo sirve para determinar no si hay que aportar -que es evidente- sino cuanto; (ii) castigar por igual a todos los que se ven envueltos en el “Quiz pro Quo” (inmediato o a crédito), a los “corruptores” y al “corrupto”, a los que se ven en la “necesidad” de contribuir y al Juez corrupto -como se impuesto en muchos Códigos Penales, incluido en vigente en la España de 2021- contribuye a alimentar la espiral perversa de la corrupción, toda vez que una parte de los corruptores, que no desean serlo y solo siguen la lógica de la institución corrupta, en caso de denunciar, se imputan a sí mismos.
Estamos ante una espectacular ilustración de como el “populismo penal” induce el castigo antisocial: aquéllos que no quieren participar de las conductas corruptas, que son “personas honradas”, con orientaciones prosociales, se les deja con tres opciones: (a) autoexcluirse de los bienes públicos; (b) incurrir en conductas corruptas, para poder tener acceso a los bienes públicos; (c) denunciar la institución corrupta, lo que implica auto-inculparse[iii].
La relevancia de este estudio no puede ser obviada, dada la extensión de la corrupción en el mundo (Milinski, 2017) y las conclusiones que se derivan del mismo: en ausencia de determinadas condiciones, instituciones más fuertes (y más opacas, como los Tribunales de Justicia) realmente conducen a una mayor corrupción y ciertas panaceas como la transparencia pueden actuar a favor de la corrupción. La corrupción corrompe (Shalvi, 2016). A mayor “corrupción ambiente” mayor corrupción individual (Olsen, Hjorth, Harmon, & Barfort, 2018): la corrupción es, en primer lugar, “social” y en, segundo lugar, “individual”.
No obstante, también hay cierta evidencia de que unas instituciones son más eficaces que otras en prevenir la corrupción. La transparencia en la toma de decisiones parece el factor decisivo. Uno de los casos más claros aparece cuando se comparan decisiones adoptadas por un Jurado -que está siendo monitorizado en el proceso de toma de decisiones- frente a Jueces que se reúnen a puerta cerrada y declaran sus deliberaciones secretas. Las decisiones de unos y otros pueden ser más o menos acertadas, pero mientras la corrupción es imposible en el caso del Jurado, es perfectamente posible en el caso de los Jueces. El acierto de la decisión -la verdad de la decisión- no tiene tanto que ver con la “pericia técnica del juez profesional”, que realmente no existe (como muchos estudios han demostrado) como de si existen o no distorsiones sistemáticas en la percepción de la evidencia (un tipo de distorsión, que, si es ejercida dentro de una determinada agenda, es calificable como “corrupción intelectual”). Y como también se ha demostrado, es más probable que entre los legos -en número suficiente, superior a 7- si son aleatoriamente extraídos de una población, se anulen las distorsiones de percepción, en tanto que un “grupo profesional” es mucho más susceptible de sesgos en su juicio debido a la “distorsión inducida por el grupo de pertenencia”. La evidencia que prueba estas verdades simples es abrumadora[iv].
El “Brivey Game” ilustra la condición mínima que se requiere para que exista corrupción: un agente al que se delega autoridad para forzar la cooperación. Por eso la extensión, bajo el paraguas del populismo penal, del “delito de corrupción” a la “corrupción entre particulares” es un sinsentido conceptual, que estaría mejor tipificado bajo otro término. Igual sucede con otros usos del término corrupción, por ejemplo, “corrupción de menores”. Fuera del ámbito jurídico, existen otros usos “corrientes” del término corrupción, para referirse a la descomposición de los cuerpos biológicos y a su negación como propiedad divina: el “cuerpo incorrupto de Cristo” es uno de esos usos.
Más allá de estos usos jurídicos “confusos” y del “habla ordinaria”, la corrupción es relevante porque además de ser una conducta individual y colectiva (institucional), como hemos mostrado, tiene relevancia política; relevancia política que ha sido analizada a lo largo de 2.000 años de pensamiento político en Occidente (Buchan & Hill, 2014); y en ese mismo pensamiento también es posible encontrar propuestas de soluciones -unas más poderosas que otras- para prevenirla (Kroeze, Vitória, & Geltner, 2018).
La relevancia política está íntimamente relacionada con la idea de cambio de régimen: un régimen se corrompe[v] y muta en otro[vi]. Cuando decimos que la corrupción es una amenaza a la democracia, no solamente señalamos las distorsiones que las conductas corruptas inducen en el tráfico ordinario de bienes y servicios públicos -que ya es de por si de una enorme gravedad-, sino señalamos algo mucho más grave: el ataque directo a las bases mismas sobre las que se asienta la democracia.
Para entenderlo, es conveniente hacerse ayudar de uno de los teóricos y prácticos del pensamiento político, más relevantes de la historia del pensamiento político occidental: Maquiavelo. La sutileza de su pensamiento y la dificultad de su escritura, es tan extraordinaria que es, probablemente, el autor del “canon occidental”, que más “lecturas distorsionadas” ha soportado desde el silencia de su tumba.
Cuando un régimen político no mejora, empeora, es intrínsecamente inestable, porque la corrupción resulta, necesariamente de la naturaleza malvada, voluble y guiada por el propio interés. La única manera de mantenerlo estable es someterlo a constantes renovaciones -medidas extraordinarias- que prevengan que el potencial de corrupción se actualice[vii]. Dejado a su propia dinámica mutará en otro régimen diferente. Pero lo que define un Estado corrupto no son las conductas individuales corruptas -por más que estas son necesarias para que exista corrupción; “un estado corrupto -nos dice en el Príncipe- es aquél en el que las leyes y reglamentos, la paz, la guerra y los tratados son elaborados y adoptados no en favor del bien público, no en favor de la gloria común del Estado, sino para la conveniencia y ventaja de unos pocos individuos”.
En el análisis del proceso que lleva de un Estado materialmente bien ordenado a otro corrupto, Maquiavelo, distingue tres variables:
- Materia: los ciudadanos, en sus grados, calidades y riquezas.
- Forma: las leyes
- Método: las reglas y procedimientos para seleccionar los magistrados y hacer las leyes.
Y aunque asume que la corrupción es posible debido a la naturaleza de la materia -los ciudadanos- la causa de la corrupción no está aquí, sino en la forma – el modo como las tendencias hacia la corrupción no son prevenidas en la leyes- y el método seguido para hacer las leyes (que hace posible que se dicten leyes que facilitan la corrupción) y nombrar magistrados (que participan activa o pasivamente la corrupción). La corrupción aparece cuando son posibles conductas licenciosas (que corrompen la moral de los ciudadanos) y cuando se permite la acumulación irrestricta de riqueza en las manos de unos pocos (McCormick, 2018). Escribe Maquiavelo en los Discursos sobre la Década de Tito Livio: “los gentilhombres que sin trabajar viven en el lujo con las rentas de sus posesiones son peligrosos para cualquier república, son los iniciadores de la corrupción y la causa del mal”. Pero que élites con exceso de riqueza conduzcan a la republica a la esclavitud no implica que una república formalmente bien ordenada sea incompatible con la distinción de ciudadanos: la clave está en que estas distinciones se hagan de modo que el interés individual se canalice en beneficio de la república. Son malas leyes las que permiten que se acumule riqueza en tal exceso y cuantía que conduzca a la compra de voluntades para subvertir el interés público de la república en favor de intereses de una facción. Porque toda republica lleva en su seno dos “humores”: el deseo de las élites de dominar, la resistencia de los plebeyos a toda dominación. Y es crucial asegurar, que ninguna de las partes se impone de modo definitivo a la otra, pues en ese caso la republica está perdida y mutará en un régimen diferente. Para que esa mutación no tenga lugar, es necesario regular correctamente las dos variables esenciales de la desigualdad política: el derecho al uso de la palabra y el método de elección de los magistrados[viii]. Mientras las diferencias de riqueza no son excesivas, la “isegoria” griega, el derecho de cada uno a proponerse como magistrado, a proponer leyes y a hablar en la Asamblea, permiten que la democracia florezca. Pero cuando esas diferencias, son tan excesivas que solo unos pocos monopolizan la palabra y las candidaturas a las elecciones para sí mismos o sus dependientes, es por la palabra y por las elecciones como la república se corrompe. En los Discursos sobre la Década de Tito Livio dice Maquiavelo que tales costumbres devienen malas “porque solo los poderosos (grandi) proponen leyes, no para la libertad común sino para aumentar su propio poder y por miedo a tales hombres nadie osa hablar contra las leyes. El pueblo (popolo) es así engañado o forzado a decretar su propia ruina”. (Vergara, Corruption as systemic political decay, 2019) resume el análisis de Maquiavelo “ that neither the matter or the form are inherently virtuous, and that even if the matter has been made good through an original virtuous form, the form is not enough to keep citizens good when corruption has been introduced through legitimate political methods and has become pervasive. Moreover, when the matter is corrupt, the form and the methods do nothing more than fostering corruption, and republics increasingly drift into an oligarchy of consent through the natural functioning of its methods” (pág. 13).
Así pues, siguiendo a Maquiavelo sabemos que además de las conductas individuales corruptas -quid pro quo inmediato o a crédito”-, la corrupción puede venir por dos instituciones esenciales para la configuración de la voluntad-las elecciones y la libertad de palabra-. Porque la interacción de los tres componentes -la materia, la forma y el método-, genera un orden inestable, susceptible de transformarse en un desorden corrupto, donde la libertad sea reemplazada por la esclavitud. El desafío constitucional es entonces, como especificar esas interacciones, como crear una república formalmente bien ordenada, con pesos y contrapesos, que asegure que la republica materialmente bien ordenada perdura, renaciendo de sí misma, diferente pero idéntica en su esencia de libertad. Por supuesto es conceptualmente posible, como siempre han sostenido las críticas elitistas de la democracia, que una democracia liberal, como las que tenemos en el SXXI, deriven en “democracias iliberales” donde supuestamente se imponga la “tiranía de la mayoría” y donde los derechos de las minorías no son respetados. Quienes así hablan, gritan no en nombre de derechos de todos sino en defensa de privilegios de algunos. Pero en términos históricos concretos, tal corrupción no ha sido vista ni se la espera. Más bien, es mucho más probable que la democracia liberal camine hacia una “oligarquía liberal” donde una facción dominante o, lo más frecuente, varías facciones parcialmente enfrentadas, se imponen, pero todavía se respetan las reglas formales, la “rule of law”, la libertad de palabra y las elecciones, y se disuelva, finalmente, en una “oligarquía iliberal”, donde no hay “rule of law”, donde no son respetados ni los derechos de las mayorías plebeyas ni los derechos de minorías con identidades disjuntas tanto de las élites como de los plebeyos y la libertad de palabra y las elecciones han sido castradas de toda virtualidad generativa de renovación de los detentadores y de los fines del poder político.
Maquiavelo fue perfectamente consciente de este descenso a los infiernos y por eso abogó por la necesidad de introducir instituciones “plebeyas” capaces de frustrar esa “inercia”, porque solo de los plebeyos viene el compromiso con la libertad, porque su motivación principal no es la dominación sino el evitar ser dominados. “Insolenzia”, la manifestación del apetito de dominio, es propio de los poderosos y “rabbia”, la manifestación del deseo de no ser dominado, es propio de los plebeyos[ix]. La regeneración necesaria para devolver la republica a la libertad, liberándola de la corrupción a la que minorías poderosas, en su afán de dominio, la han conducido, solo puede materializarse cuando el miedo se impone como emoción dominante. El castigo es el único medio posible, para devolver a esas minorías a la cooperación necesaria para la recuperar la libertad que conduce al florecimiento de la república.
Clases o tipos de corrupción
Los aprendizajes que se derivan de nuestro diálogo con Maquiavelo, añaden un tipo de corrupción que ha sido olvidado al menos desde el S XVIII y desde luego en los últimos 50 años: la corrupción sistémica. Pero esto no puede ni debe hacernos olvidar que hay otras clases de corrupción[x], que implican siempre a los agentes que ejercen el poder por delegación del soberano. En concreto hay al menos tres clases de corrupción[xi]:
- Corrupción individual: “quid por quo inmediato o a crédito” (funcionario público y particulares). Funcionario del soberano que adopta decisiones en favor de sí mismo o a favor de terceros a cambio de sobornos inmediatos o a crédito, contra lo previsto en la ley. Los sobornos pueden ser de diverso tipo y naturaleza, no solamente monetarios inmediatos. La promesa de promoción y/o contratación futura, que implica incrementos en los emolumentos es corrupción. Tanto la llamada “puerta giratoria” (“revolving door”) como la adscripción a asociaciones que señalan su “disposición sobre amigo y enemigo”, es decir, que no son solamente “sindicatos” en la defensa de intereses relacionados con las condiciones de trabajo, caen en esta categoría. Las señales pueden ser ostensiblemente públicas o transmitidas a través de “asociaciones secretas”, moviéndose en lo que se ha llamado “estado profundo” (“deep state”), cuyas realidades, al margen de teorías conspirativas, emergen con frecuencia vinculadas a prácticas de corrupción institucional. La disposición a pagar sobornos es tanto más probable (Sundström, 2019) cuanto que se den dos condiciones: (a) que un posible corruptor anticipa que el funcionario responderá positivamente al soborno, percepción basada en cualesquiera indicios; (b) si un posible corruptor, anticipa que otros competidores por el “mismo favor” están dispuestos a pagar sobornos. Ambas dos conductas se reforzarán positivamente, creando un bucle que conduce a la generalización de la corrupción. La percepción de la “corrupción ambiente” es un acelerador de la generalización de la corrupción. La definición de la corrupción individual más comúnmente utilizada es la que propuso (Nye, 1967): “behaviour which deviates from the formal duties of a public role because of private-regarding (personal, close family, private clique) pecuniary or status gains; or violates rules against the exercise of certain types of private-regarding influence” (pág. 417). Otra definición similar es la que propone (Khan, 1996) “behaviour that deviates from the formal rules of conduct governing the actions of someone in a position of public authority because of private-regarding motives such as wealth, power, or status” (pág. 12).
- Corrupción institucional: una institución deviene corrupta cuando su sentido de dirección es trastocado. Una de las definiciones posibles es la que propone (Lessig, 2013): “Institutional corruption is manifest when there is a systemic and strategic influence which is legal, or even currently ethical, that undermines the institution’s effectiveness by diverting it from its purpose or weakening its ability to achieve its purpose, including, to the extent relevant to its purpose, weakening either the public’s trust in that institution or the institution’s inherent rustworthiness”. Así, por ejemplo, cuando de “administrar justicia imparcial” se pasa a “administrar justicia de amigo y enemigo”[xii], cuando de “educar a los jóvenes para apreciar el valor de la libertad” se pasa a “otorgarles créditos de ingresos futuros”, las respectivas instituciones -el sistema judicial, la universidad, …- devienen instituciones corruptas. Con frecuencia esta corrupción se fermenta y destila como “corrupción intelectual” donde los fines son subvertidos, bajo pretexto de hacer más equitativos, eficientes y eficaces los métodos[xiii]. Si la selección del magistrado está viciada, mayor independencia, es, sin duda, causa de mayor corrupción. La corrupción institucional implica la generalización de conductas individuales corruptas, de modo que estas incluso acaban por no ser percibidas como tales por los participantes en la red de corrupción institucional. Este problema ha sido señalado, por ejemplo, en el entorno de las regulaciones de las industrias médicas y farmacéuticas (Laskai, 2020), pero afecta a otras muchas, entre las cuales no ocupan un lugar menor las financieras.
- Corrupción sistémica o política: cuando la ley ha dejado de ser fuente de virtud, donde lo corrupto no necesariamente es ilegal y lo ilegal no necesariamente es corrupto. La financiación de las campañas o la compra de medios puede ser legal y fuente de corrupción. Los delitos sin victima pueden estar legalmente tipificados, pero ser fuente de corrupción (el tráfico de drogas, eufemísticamente tipificado como “delito contra la salud pública” entra en esta categoría). La eliminación o rebaja de impuestos a los muy ricos puede ser legal y fuente de corrupción, no solo de las costumbres morales sino del proceso mismo de producción de leyes. El “rule of law” ha dejado de asegurar la ausencia de corrupción; es más, puede promoverla activamente. Esta última clase de corrupción no solo muestra la migración de régimen, sino que, además, “ampara” los dos tipos de corrupción individual e institucional.
La corrupción es incompatible con la democracia
En el Gráfico 1 resumimos todos los aprendizajes que acabamos de hacer. Y aplicados al mundo que estamos viviendo, en este inicio de la tercera década del Siglo XXI, lo que está sucediendo y lo que, si las actuales tendencias no se doblegan, previsiblemente sucederá, se ilustra lo que queremos decir cuando decimos que la corrupción, en todas sus manifestaciones, es la amenaza existencial a la Democracia, es la fuerza motriz que conduce a la destrucción de la libertad. Y pese a todos sus defectos, aun asumiendo que la democracia sea el peor de los regímenes políticos, excluidos todos los demás, las democracias han coincidido históricamente con los períodos de la historia donde los humanos han vivido más plenamente (sea cuales sean los indicadores que se utilicen para ello[xiv]).

Instituciones e indicadores de Corrupción
Un Indicador de Corrupción debe informar de las tres clases de corrupción, individual, institucional y sistémica:
- Recuento de leyes y prácticas restrictivas de derechos de palabra y elección, claves en tanto que indicadores de corrupción sistémica.
- Detalle de la corrupción de instituciones que van, lentamente, creando las condiciones objetivas que conducen a la corrupción sistémica.
- Corrupción individual resultado de la supeditación del interés público al privado en supuestos prohibidos por la ley o el reglamento y perseguidos penal o administrativamente, tal y como son percibidos y/o sufridos por los individuos en tanto que indicadores “públicos” de la prevalencia de prácticas corruptas.
En la construcción de cualquier indicador, hay que tener en cuenta que la corrupción individual, en tanto que contraria a la ley o reglamento, por definición, tiende a consumarse en insidiosa obscuridad. Y puede existir con independencia de que emerja a público conocimiento o permanezca en la penumbra. Pero los otros dos tipos de corrupción -institucional y sistémica- pueden suceder en parte en la obscuridad y en parte a plena luz, porque pueden incluso ser conformes a la ley positiva.
Hay tres instituciones que consideramos especialmente relevantes para entender la extensión de la corrupción:
- Transparencia Internacional, responsables del Índice de Corrupción (IC), sin duda el más conocido y citado. Al repasar sus fuentes, nos encontraremos con instituciones que, incidentalmente, recogen información sobre corrupción y con muy diversos grados de transparencia en la Metodología de recogida de datos y tratamiento de los mismos[xv].
- Proyecto Variedades de Democracia (V-Dem), de la Universidad de Gotemburgo y la Universidad de Notre Dame. La mayor base de datos pública disponible de indicadores de las democracias en el mundo. Indicadores de corrupción en esta base de datos se incluyen en el IC de Transparencia internacional. Pero es necesario prestarle atención detallada, porque el enfoque camina en la dirección de entender la corrupción sistémica, haciendo posible correlacionar la corrupción con otros muchos indicadores del desempeño de cada democracia.
- El Centro Brennan para la Justicia de la New York University Law, que se ocupa de evidenciar parte de las tendencias de corrupción sistémica en los EE.UU. de Norteamérica.
Transparencia Internacional: Índice de Corrupción
Sin duda, el índice más conocido y referenciado es IC de Transparencia Internacional. Sorprendentemente, los detalles técnicos de este índice no son especialmente transparentes. (El detalle técnico en https://www.transparency.org/en/cpi/2020/index/nzl).
El índice recoge la percepción de la corrupción de “expertos y ejecutivos de empresas” creado combinando datos de 13 estudios diferentes (El detalle técnico en https://images.transparencycdn.org/images/2020_CPI_SourceDescription_ESv2.pdf).
Se asume que los datos en los que se basa son en sí mismos fiables -en base a la reputación de las instituciones que los realizan-. Este es un acto de fe, pues ninguno de ellos permite acceder al detalle de los “expertos” que emiten las opiniones. El asunto es de la máxima importancia técnica: no conocemos ni el marco muestral ni la representatividad de los expertos que emiten opinión[xvi]. Y no existe método estadístico alguno -lo firme quien lo firme- que permita resolver esta ausencia de información sobre el marco muestral y la representatividad de las muestras usadas[xvii].
El detalle de los estudios usados es el siguiente:
1.Evaluación Institucional y de las Políticas Nacionales 2020 del Banco Africano de Desarrollo (Ver detalle aquí: https://cpia.afdb.org/?page=data)
2.Indicadores sobre Gobernabilidad Sostenible 2020 de Bertelsmann Stiftung (Ver detalle sobre metodología aquí: https://www.sgi-network.org/2020/Methodology , y sobre resultados aquí: http://www.sgi-network.org/2018/Downloads)
3.Índice de Transformación 2020 de Bertelsmann Stiftung (Ver detalle sobre metodología aquí: https://www.bti-project.org/en/methodology.html)
4.Servicio de riesgo país 2020 de la Economist Intelligence Unit (No hay detalle público sobre Metodología[xviii]).
5.Naciones en Transición 2020 de Freedom House[xix] (Ver detalle de metodología: https://freedomhouse.org/reports/nations-transit/nations-transit-methodology)
6.Condiciones comerciales e indicadores de riesgo 2020 de Global Insight[xx]. Esta fuente no es directa, sino que procede de su publicación por el Banco Mundial.
7.Encuesta de Opinión Ejecutiva 2020 del Anuario de Competitividad Mundial de IMD World Competitiveness Center (No hay disponible información sobre metodología[xxi]).
8.Political and Economic Risk Consultancy Asian Intelligence 2020 (No hay información sobre metodología[xxii]).
9.Guía Internacional sobre Riesgo País 2020 de PRS Group International (No hay información sobre metodología[xxiii]).
10.Evaluación Institucional y de Políticas Nacionales 2020 del Banco Mundial. El BM usa una larga lista de fuentes de información para elaborar ese documento (Ver descripción somera aquí https://pubdocs.worldbank.org/en/559351435159340828/cpia14-webFAQ14.pdf ). Algunas de esas fuentes, de un total de 32, son estadísticamente representativas y otras no. Varias de las fuentes que “informan” sobre corrupción son las mismas usadas por Transparencia Internacional.
(Ver detalle aquí: https://info.worldbank.org/governance/wgi/Home/Documents#wgiDataSources).
11.Encuesta de Opinión Ejecutiva 2019 del Foro Económico Mundial. No hay un detalle especial sobre la metodología, aunque supuestamente se basa en “muestras representativas”. (El informe se puede consultar aquí: https://www.weforum.org/reports?utf8=%E2%9C%93&query=executive+opinion).
12.Encuesta a expertos para el Índice de Estado de Derecho 2020 de World Justice Project. (El detalle metodológico se puede encontrar aquí: https://worldjusticeproject.org/our-work/research-and-data/wjp-rule-law-index-2020/methodology). Esta es, de todas las fuentes, la que más se “aproxima” a la corrupción policial y judicial[xxiv]. Parece que además de opiniones de expertos, también incluyen encuestas a población general. No hay detalle metodológico suficiente para determinar cuándo, dónde y a quien entrevistan, dado que solamente publican el score final.
13.Variedades de Democracia (V-Dem v. 10)2020. Esta es una de las fuentes más recientes, más fiables y más transparentes. Por eso nos vamos a ocupar en más detalle en el siguiente epígrafe.
Del análisis de las bases de información del Índice de Corrupción elaborado por Transparencia Internacional se derivan las siguientes conclusiones:
- La necesidad de una revisión urgente de la política de transparencia usada en la construcción del índice: solamente fuentes que al menos hagan publica la metodología son aceptables. Por supuesto un detalle de universo, marco muestral y muestra de “expertos y ejecutivos de empresas”, que “sorprendentemente” nadie publica, permitiría entender no solo que se está midiendo -que se puede aproximar con los cuestionarios- sino entre quien se está midiendo. Asumiendo que se está midiendo “entre la élite”, interesa conocer, de modo preciso, como se ha definido esta élite. Mientras tanto, puede afirmarse, con total contundencia, que la industria de la medición de la corrupción, no es suficientemente transparente.
- Aparentemente la información sobre corrupción es abundante. Es tan abundante que es difícil deslindar si las evoluciones de los índices son resultado de cambios en la realidad objetiva de los países o (parcialmente) debidos a “artefactos” de medición[xxv].
- En cualquier caso, vistos los valores del Índice de Corrupción, según el cual solo 10 países están por encima de 80 puntos[xxvi]sobre 100: Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Singapur, Suecia, Noruega, Holanda, Alemania y Luxemburgo (España aparece con un valor de 62) se podría concluir que las estrategias promovidas para reducir la corrupción no son correctas y/o no se están implementando correctamente. Cada vez hay más voces que se inclinan por la primera opinión[xxvii], además de la segunda (que puede darse por supuesta). También hay un número creciente de voces -entre los que me encuentro- que se inclinan a pensar que parte del problema con la corrupción está con la definición restrictiva de esta como problema de “chicos malos”[xxviii] (Mungiu-Pippidi, 2020), (Rothstein, 2021) que impide tomar en consideración conductas que son objetivamente corruptas -incluso en las Democracias Occidentales- aunque no estén tipificadas como tales en los ordenamientos jurídicos y que son especialmente graves por su relevancia sistémica y a las cuales el Índice de Corrupción de Transparencia Internacional no presta la necesaria y debida atención[xxix]. Por otra parte, conviene ser muy prudentes cuando se habla de corrupción toda vez que como pistola cargada puede ser usada para fines impropios por ejemplo para persecuciones políticas infundadas (Mills, 2017)[xxx].
Variedades de Democracia (V-Dem)
Este proyecto es la más reciente de las fuentes que proporciona información sobre la corrupción. Respecto a todas las demás fuentes que hemos comentado en el punto anterior, presenta algunas ventajas significativas, entre las cuales no es menor, la definición misma de democracia. Por una parte, explícitamente se toman en consideración variables que permiten analizar tendencias de corrupción institucional y sistémica (derecho de palabra, voto, desigualdad económica y política). Y por otro se asume que no hay un “tipo ideal” de democracia, que implícita o explícitamente esta asumida en todos los demás estudios, sino que cada democracia puede manifestar ciertas peculiaridades resultado de su historia propia y puede hallarse en momentos diferentes de florecimiento o mutación hacia formas “degeneradas”. (La metodología puede consultarse aquí: https://www.v-dem.net/media/filer_public/e6/d2/e6d27595-9d69-4312-b09f-63d2a0a65df2/v-dem_codebook_v9.pdf)
En futuros artículos procederemos a explotar en detalle esta fuente de información para arrojar más luz sobre los “conductores” de la corrupción y las estrategias más eficaces para afrontarlos.
El Centro Brennan para la Justicia de la New York University Law
Esta institución no está dedicada a la generación de índices de corrupción, pero esta entre nuestras seleccionadas porque es la institución que con más claridad ha identificado tendencias de corrupción sistémica en los EE.UU. de Norteamérica. Y hoy, como en los tiempos de Tocqueville, esta es un país en el que Europa se debe seguir mirando, en la medida en que parece adelantar tendencias. Y las tendencias que ha identificado el Centro Brenan, de no revertirse en USA y extenderse a Europa, auguran un muy poco prometedor futuro para las Democracias. En concreto el Centro Brenan ha identificado las siguientes tendencias:
- Supresión de voto (de los pobres y las minorías).
- Amenazas a la integridad del recuento del voto.
- Desequilibrio de la representación.
- Exceso y desigualdad del dinero en las campañas electorales y en la financiación de medios de comunicación.
- Supeditación de la libertad a la seguridad.
- Corrupción en la adopción de leyes y en la toma de decisiones políticas.
- Exceso y sesgo (contra los pobres y las minorías) punitivo: 5% de la población del mundo, 25% de la población encarcelada.
- Lawfare: substitución de la Justicia Imparcial por Tribunales que deciden en base a criterios amigo/enemigo.
- La necesidad de modificar la Constitución para impedir que todas estas tendencias corrompan la Democracia.
No es poco, ni de menor relevancia. (Ver detalle aquí)
Producción de Información
En Iurodstvo.info vamos a proporcionar cinco clases de información:
- Análisis técnicos basados en información generada por otros (sobre los tres tipos de corrupción identificados).
- Información Bibliográfica, organizada en tres capítulos:
- Estudios Técnicos: estudios académicos con pretensiones científicas.
- Estudios Jurídicos (incluida la publicación y comentario denuncias y de sentencias cuando lo consideremos necesario).
- Relatos de casos de corrupción.
- Revista de Prensa.
- Periodismo de Investigación, sobre casos relevantes sobre los que nos llegue noticia (incluidas denuncias ante los Tribunales cuando lo consideremos necesario).
REFERENCIAS
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Notas
[i] El promedio de los valores que proporciona el Índice de Transparencia Internacional así lo muestra. Estos datos deben ser tomados con todas las salvedades de un índice compuesto, resultado de agregar muchas otras fuentes, no todas las cuales son transparentes en el modo como se construyen.

[ii] En (Gupta, 1995) se describe cómo es posible justificar las conductas corruptas institucionales a partir de esta continuidad.
[iii] Vale la pena seguir el argumento:
- El “Public Goods Game” muestra que si bien al principio del juego, hay contribución al bien común, esta decae con el tiempo.
- Si se introduce la posibilidad de castigo de los no cooperadores a cargo de los miembros del grupo que cooperan y están dispuestos a sancionar -incluso a su propio coste-, la cooperación aumenta.
- Pero esta solución no escala bien, a medida que aumenta el tamaño del grupo, aparece un problema de segundo orden: que sea otro el que se sacrifique e invierta en castigar a los no cooperadores. Y además aparece el castigo antisocial. Los no cooperadores castigan a los cooperadores.
- El problema aparentemente se resuelve si se crea una “institución” centralizada que se encargue del castigo; por ejemplo se hace responsable a un jugador -llamémosle el Juez- de practicar el castigo sobre los no cooperadores. Aparentemente esto funciona bien y escala bien: aumenta los niveles de cooperación en grupos grandes.
- Pero el sistema quiebra cuando se introduce el “Bribery Game”: (a) la posibilidad de que los jugadores que no quieren cooperar, puedan sobornar al “juez”, (b) el juez pueda optar por castigar o no hacerlo al que no contribuye y (c) el juez puede quedarse con una parte de las ganancias. En estas condiciones la contribución al bien común, cae en promedio el 25%. Y el juez escala sus ingresos sobre todos los demás jugadores.
- Si el juez no está sometido a estrictos controles que impidan que reciba el soborno, la transparencia sobre “cómo funciona el sistema”, genera una espiral de crecimiento de la corrupción: la pregunta no es ya si hay que sobornar, sino cuanto hay que sobornar.
- Generalizando resultados:
- El sistema de corrupción se expande tanto más rápidamente cuanto que menos medios de “ganarse la vida” existen fuera del sistema corrupto y menos control ejerce el “soberano” (los que participan en el juego de cooperación), sobre la “autoridad punitiva delegada”.
- La corrupción está, potencialmente, presente en cualquier lugar: es el “reverso perverso” de la cooperación. Jano es ubicuo en los asuntos humanos. Sus efectos sobre los bienes públicos, serán más graves cuanto más pobre sea el país, pero eso no quiere decir que no esté presente en los países ricos (por ejemplo, bajo la forma de financiación de campañas a cambio de favores futuros, “corrupción a crédito”). La corrupción es una “característica de la sociedad”, sin perjuicio de que unos estén más predispuestos que otros a participar en el juego.
[iv]La posición de (Machiavelli, 2011) es incluso más radical, requiriendo, en materia de juicios políticos, jurados muy amplios “acusar a un ciudadano importante ante un tribunal de ocho jueces no es bastante en un régimen republicano, necesitándose que los jueces sean muchos más, para que en tales casos los pocos no se inclinen, cual sucede, a favor de la minoría” (pág.280).
[v]El término griego para corrupción es φθορά – phthora (Peters, 1967). Pero el término corrupción, procede de la palabra latina “corruptus” que captura tanto la idea originaria griega de “destrucción desde dentro” y le añade un sentido moral, incorporando las conductas individuales de soborno, falsificación, seducción y perversión. Es bien instructivo comprobar que el latín de la época de la Republica cuenta con un término específico para nombrar la “compra de votos mediante el soborno”: ambitus (Buchan & Hill, 2014). Y una “anécdota curiosa” es que, al hermano menor de Cicerón, Quinto, que presuntamente participó activamente en la compra de votos de “Tribunales Populares” con la que asegurar las condenas que el solo dominio de la retórica no podían asegurarle a su hermano mayor, Marco, escribió un breve tratado sobre cómo ganar elecciones, donde no se incluye “ambitus” como conducta corrupta (Cicero, 2003). Otras fuentes proponen otro origen para el término corrupción; en el Oxford Dictionary of Word Origins (Cresswell, 2009) se dice: “Corrupt comes from the Latin word corrumpere, “mar”, “bribe”, “destroy,” from cor –“altogether and rumpere “to break”. Also from rumpere are disrupt “break apart”; eruption a breaking out; interrupt “to break between” (pág. 103). Este es el mismo origen que propone (Moliner, 1966) (Tomo I, pág. 782)
[vi] μεταβολή (Metabole) y γένεσις (Génesis) son términos relacionados con el campo semántico de φθορά (Corrupción).
[vii] Llega incluso a proponer la década como el horizonte temporal para proceder a la renovación de las bases del sistema.
[viii] (Machiavelli, 2015), Capítulo XVIII, págs. 312…315, describe las dificultades de corregir el rumbo, por medios pacíficos y ordinarios, cuando la corrupción se ha generalizado.
[ix] (Machiavelli, 2018) “intra la insolenzia degli ottimati, i quali non poteva in alcuno modo né contentare né correggere, e la rabbia de’ popolari, che non potevano sopportare lo avere perduta la libertà” (pág. 361)
[x] No hay una definición comúnmente aceptada de corrupción. Y de acuerdo con la definición que se endose, las conductas potencialmente corruptas varían (Rose, 2017).
[xi] Una distinción útil es entre “need” and “greed” corrupción. “Need” es la corrupción necesaria para acceder a un tratamiento “justo” -corrupción con perjudicado individual- ; “Greed” es la corrupción en la que algunos obtienen ventajas especiales ilícitas -corrupción sin perjudicado individual concreto, aunque supongan substanciales detracciones de los recursos públicos (Bauhr, 2016) (Wedel, 2015). Esta distinción es especialmente útil porque afecta a la disposición a castigar a los implicados y/o responsables de conductas corruptas, por ejemplo, en las elecciones.
[xii] La corrupción en el poder judicial resulta especialmente impenetrable, pese a que existe con una prevalencia insospechada. El “caso Palamara” (Sallusti, 2021) en Italia, muestra pistas de cómo funciona. Un “trojano” colocado en el teléfono de un “factótum del poder judicial italiano” -Luca Palamara- permite seguir el “quid por quo y la corrupción sistémica” del Poder Judicial Italiano. Entre otras conductas afectadas, están por supuesto, los nombramientos.
[xiii] Y contrariamente a la interpretación popular de El Príncipe de Maquiavelo, donde la perversión corrupta estaría en mantener los fines y usar cualesquiera medios para alcanzarlos. Una inversión de enorme repercusión histórica tuvo lugar cuando Agustín de Hipona, incitaba al noble romano a seguir donando una parte de su fortuna, pero no ya a la Ciudad de los Romanos (bajo la forma de obra pública monumental, fiesta y beneficencia) sino a la Iglesia (la Ciudad de Dios), para asegurar su salvación no solo en este mundo sino, sobre todo, en el otro.
[xiv] Hay quienes afirman que la democracia es consecuencia, pero no causa del florecimiento humano. Este argumento viene a decir que la democracia es cara y emerge cuando aumenta la riqueza. Aunque en este texto no vamos a contribuir a ese debate, toda la evidencia disponible, apunta en sentido contrario. La democracia es menos cara que otros regímenes y precisamente porque permite gestionar los intereses y los conflictos, crea las condiciones para la creación de riqueza y su distribución equitativa. La libertad es poder y es este poder el que hace posible el florecimiento de los humanos. Para entender esta afirmación hay que tener presente que la libertad no es solo negativa (inmunidad ante la arbitrariedad y la dominación) sino también positiva (poder hacer lo que es “razonable” hacer). La especificación de la libertad negativa es más “sencilla” -restricciones al poder soberano en su relación con el ciudadano- que la precisión de la libertad positiva -obligaciones del poder soberano en su relación con el ciudadano- (Crocker, 2011), (Carter, 2019), (Bavetta, Navarra, & Maimone, 2014). Cada régimen político a lo largo de la historia puede ser clasificado en función del punto en el que se cruzan ambas clases de libertad (incluyendo el valor cero en ambas curvas).
[xv] Creemos que al igual que es necesaria la publicación de datos en las que se basan los estudios con pretensiones científicas, tendencia que poco a poco se abre camino en el mundo científico, y que ha permitido detectar fraudes, facilitar la replicación y hacer más robustas las conclusiones, es necesaria absoluta transparencia en los procedimientos de generación de los datos en los que se basan los índices sobre corrupción.
[xvi] Toda vez que personalmente he formado parte del repertorio de expertos que dan su opinión en estudios de este tipo, cualquier pretensión de proporcionar un valor resumen, hasta con dos decimales de precisión, es, como poco, impertinente. No obstante, varios de los indicadores que forman parte del IC de Transparency International proporcionan la información con ese nivel de “precisión”. Por supuesto es posible usar técnicas de calibración, como se hace en alguna de las fuentes de datos usadas, que pueden, al menos, asegurar cierta homogeneidad en el modo como los evaluadores usan la escala. Pero esto no resuelve el problema del universo, marco muestral y representatividad de muestra.
[xvii] En su momento pondré en evidencia que indicadores construidos en España sobre “reputación corporativa” no solo adolecen del mismo problema -ni se conoce el marco muestral ni la representatividad de las muestras-, sino que son utilizados, activamente, como herramienta de chantaje.
[xviii] Esta fuente de información, dada su opacidad, debería ser excluida de un indicador “transparente”.
[xix] Esta Fuente se centra exclusivamente en Países de la antigua orbita de influencia del Imperio Ruso. Pese a que hace más de 30 años que ese imperio se autodisolvió, al parecer siguen siendo países en transición. Convendría aclarar hacia dónde.
[xx] Dada la ausencia de información pública sobre metodología se entiende poco que siga formando parte del IC.
[xxi] Dada la ausencia de información pública sobre metodología se entiende poco que siga formando parte del IC.
[xxii] Dada la ausencia de información pública sobre metodología se entiende poco que siga formando parte del IC.
[xxiii] Dada la ausencia de información pública sobre metodología se entiende poco que siga formando parte del IC.
[xxiv] El Índice ha sido sometido a un análisis psicométrico porque : “Failure to open up the black box of composite indicator development is likely to lead only to greater erosion of the credibility and legitimacy of these measures as tools for improved policymaking” (pág. 196). (El informe puede consultarse aquí: https://worldjusticeproject.org/sites/default/files/documents/roli_2014_statisticalaudit_1.pdf). Del análisis psicométrico realizado podría concluirse que el Índice es internamente coherente. No obstante, como experto titulado en psicometría, puedo asegurar que esta clase de análisis indican más bien poco sobre la “validez externa” del indicador, es decir, si realmente mide lo que supuestamente pretende medir.
[xxv] A diferencia de Gelman y Stanig, veo, como ya he dejado claro, problemático incluir en un índice público, información obtenida de fuentes que no son públicas y cuya Metodología es imposible de evaluar.
[xxvi] Las frecuencias están escoradas a hacia las puntuaciones más bajas.


[xxvii] Aunque por supuesto hay quienes piensan que está bien hablar de corrupción, pero no demasiado, porque el “plebeyo común” puede acabar confundiendo la corrupción con la necesaria creación de coaliciones propias de la democracia (Katz, 2019). Y también quienes piensan que “algo” de corrupción es necesaria para que el “mundo funcione” (Marquette & Peiffer, 2017), (Marquette & Peiffer, 2019).
[xxviii]Sin perjuicio de que en estos sea especialmente prevalente el mecanismo de “moral disengagement”, (Bandura, 2002). Que exista predisposición individual o todo se deba al “ambiente” no está resuelto. Lo que si muestra (Marquette H. , 2012) es que la religión no tiene efecto sobre las conductas corruptas (al igual que probablemente no tenga ningún peso la “educación moral”, tan promocionadas en las “Escuelas de Negocios”).
[xxix] Transparencia Internacional, al hilo de las acciones de Lobby del que fuera Primer Ministro -Cameron- y de altos funcionarios en favor de Greensill, parece que empieza a tomar en consideración este hecho, pero muy tímidamente. Como les hemos hecho notar, no encaja bien que el Reino Unido “luzca aceptable” en el Índice de Corrupción y al mismo tiempo conductas como las que han salido a la luz (y otras muchas que son voz populi en la City) sean consideradas “no corruptas”. Hay que tener en cuenta que Mister Cameron llevo a término una reforma del “lobbing” con “agenda oculta” e impacto muy negativo sobre las “charities” -una de las manifestaciones más potentes de la “civil society” británicas- es descrito aquí:
https://smk.org.uk/wp-ntent/uploads/2020/08/SMK_The_Chilling_Reality_Lobbying_Act_Research.pdf
[xxx] Por lo demás, tenemos una mala noticia para los políticos obesos: El índice de masa corporal correlaciona con la percepción de corrupción (Blavatskyy, 2020). A la vista de esta relación no se si pensar que los corruptos “roban” para comer, o si es que la incapacidad de controlar la alimentación está gobernada por la misma parte del cerebro que regula “meter la mano en la bolsa pública” o si es que quienes rellenan los datos con los que se alimentan los índices, odian a los obesos. Bromas aparte, más bien parece indicar que la obesidad en países que apenas acaban de salir de hambre crónica, sigue siendo un indicador de bienestar (dicho con permiso de los partidarios de los “genes de la obesidad”).